Homo sum et nihil humanum a me alieno puto

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jueves, 25 de junio de 2009


¡¡¡Una limonada en el Café Orquídea cumple hoy dos años y un mes, gozando de buena salud gracias no asólo a mí, su blogero, sino a todos vostros, estimados lectores, conocidos o anónimos, comentadores o silenciosos!!!.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Segovia

Nunca había estado en Segovia, así que el pasado domingo, mi amigo el Teutón y yo decidimos visitarla. Hizo un día típico del invierno castellano: el cielo gris, un frío seco y cortante y un paisaje urbano y campestre (el que se veía a las afueras de la ciudad) que yo denominaría estoico -si se me permite otorgarle personalidad al paisaje castellano. Una estampa que gustaba mucho a don Antonio Machado, que vivió doce años en Segovia, como catedrático de francés del instituto de la ciudad. La pensión en la que vivió es hoy una casa-museo dedicada a él. No sabía de su existencia, y fue una bonita sorpresa y uan oportunidad única de acercarme a uno de los lugares vitales del poeta. Allí me compré su Soledades. Galerías. Otros poemas, con el sello del museo que lleva su efigie, con lo que la visita ha servido para meterme de lleno en su obra.
Lo curioso es que ya incluso antes de saber que allí estaba la casa-museo de Machado Segovia me hacía recordar a la Generación del 98 y su gusto por las tierras castellanas. También me acordé de mi gran profesor de Literatura Universal del Instituto, Jorge de Vivero, que comparte con los noventayochistas el placer de viajar y conocer Castilla. Asimismo, me vino a la mente el nombre de uno de los mejores amigos de mi padre mientras estudió en Madrid: Ricardo, segoviano que es para mí un personaje entrañable que forma parte de mi memoria familiar de tantas veces que mi padre y yo hemos hablado de esos tiempos.
Además de Machado y del sobrio -árido, desnudo, incluso- paisaje castellano, Segovia me ha dejado dos imágenes más: la del majestuoso acueducto, a mayor gloria de mis queridos romanos, y la del alcázar de los Trastámara, que me llevó a pensar en los turbulentos y a la vez apasionantes tiempos bajomedievales. Ese período siempre me ha resultado muy atractivo, en varios aspectos, y no pude evitar recitar en el alcázar algunos versos de las sobrecogedoras Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique. Esta tierra castellana rezuma mucha poesía de recogimiento.

martes, 14 de octubre de 2008

Madrid socialista II


Durante este pasado verano, siempre que me veía en Madrid, pensaba en cuántas conferencias interesantes se darían a lo largo del año y a las que podría asistir personalmente. ¡Lo que no imaginaba era que la primera sería una de mi admirado Guerra! Ayer por la tarde tuve el placer de escuchar una conferencia de Alfonso Guerra en la Escuela Julián Besteiro, de la UGT, que llevaba por título Crónica constitucional de España y abría un ciclo inspirado por los 30 años cumplidos por nuestra Constitución.

Con su facilidad oratoria caracterísitica, precisa, elegante y no exenta de humor, Guerra se refirió a los orígenes del parlamentarismo ("cuando ser liberal significaba ser progresista, siendo un término positivo, al contrario que hoy día"), a los pilares de toda constitución democrática, a la historia constitucional concreta de España (con sus devaneos) y,en fin, a las cualidades de nuestra constitución, cuya longevidad hacía derivar Guerra de su carácter progresista y conciliador, lo cual, no obstante, no debe llevarnos a su sacralización (que sería muy perjudicial) ni a frenar cualquier avance que suponga su remodelación. También dedicó parte de la conferencia a narrar su experiencia como protagonista de la Transición democrática y Padre no oficial de la Constitución junto con Abril Martorell.

Escuchar a Guerra es un privilegio, un placer, perotambién me hizo pensar que ya no quedan políticos de su altura ni de su honestidad y cercanía. Supongo que es cuestión de que el tiempo nos dé otros hombres que tomen verdaderamente su testigo (aunque Guerra es irrepetible, como Felipe).

Para culminar una tarde estupenda, logré que me dedicara su Diccionario de la izquierda. Incluso se acordó de mí (o fingió hacerlo educadamente, aunque siendo él no creo que olvidase) cuando le recordé que le había escrito en el mes de febrero. Fue una felicidad inmensa para mí. Es lo que tiene Madrid, que de pronto te regala momentos inolvidables.

lunes, 6 de octubre de 2008

Madrid, historia viva,nuestra historia.


Madrid es una ciudad muy viva, creativa e integradora. Está llena de edificios apabullantes, preciosos, elegantes, dignos de una gran capital europea. Pero además es historia viva; es nuestra historia recordada en calles, plazas, monumentos, museos, jardines, parques, cafés, bares, librerías... Esto es lo que no he dejado de pensar en esta semana que llevo aquí. Todo está impregnado de historia, de historia de España. La plaza Mayor y sus alrededores y la plaza de la Villa recuerdan al Madrid de los Austrias, con sus edificios reales magníficos en su sobriedad, y es inevitable pensar en sus callejas recorridas por figuras embozadas en noches rotas; la estatua de la Puerta del Sol, la Puerta de Alcalá y el Palacio Real a Carlos III y sus planes ilustrados (aunque absolutistas); el edificio de Correos y los inicios del siglo XX; calles y paradas de Metro homenajean en la memoria colectiva a los más significativos personajes: artistas como Velázquez o Goya; militares como Serrano; políticos decimonónicos que escribieron las primeras páginas de la España liberal y parlamentaria (Espartero, Cánovas, Sagasta, Canalejas); escritotres e intelectuales de la talla de Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Galdós, Pardo Bazán, Valle-Inclán, Gómez de la Serna, Ortega y Gasset, los integrantes de la Generación del 27 en la Residencia de Estudiantes, la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos, la Generación de los 50 apadrinada por Aleixandre... Madrid nos recuerda el enorme patrimonio con el que cuenta España desde hace siglos. También lo mucho que costó acabar con la última de las tiranías que ha sufrido el país desde tiempo atrás: el edificio de las Cortes me llenó de orgullo, pensando en que ahí dentro estamos representados todos, con nuestros derechos inalienables. No hay que olvidar lo mucho que costó conseguirlo y lo que significa tener una cámara donde individuos electos representan la soberanía popular.

P.D. Ya que mi padre estudió aquí en Madrid, es inevitable que me acuerde mucho de él. Madrid es también su Madrid para mí- Lo curioso es que también me acuerdo de ti, David. En Madrid te comprendo un poco mejor. Un abrazo.


P.P.D Oye, David, ¿no creesque tus alumnos entenderían o al menos estudiarían mejor la historia de España que les das en Madrid? Hasta en el metro te dicen quién es Serrano o te muestran grabados de Goya.

lunes, 23 de junio de 2008

El humanismo, hoy


A continuación os traslado un estracto de una conferencia dada en 1964 por el gran humanista Ranuccio Bianchi Bandinelli, de cuya escuela arqueológica me siento partícipe. Es todo un alegato en favor del humanismo, tal y como yo también lo siento. Espero que disfruteis de sus palabras tanto como yo lo he hecho.



"En la cultura contemporánea existe, entre otras, una contradicción que concierne de manera directa al problema del humanismo, legado de la antigua Grecia.

Efectivamente, todo el mundo se autoproclama depositario del humanismo y de su tradición. Se habla mucho de un humanismo liberal, de un humanismo cristiano, de un humanismo socialista. ¿Pero qué es sustancialmente el humanismo, sin adjetivo alguno?

Al recorrer la historia de esa palabra, vemos que inicialmente nació para expresar una actitud espiritual que reivindicaba para el hombre la libertad de su espíritu y su poder sobre el mundo que le rodea, cosas basadas todas ellas en el trabajo selectivo de la razón. Sobre esa base se fue desarrollando, durante el primer Renacimiento italiano, el auténtico humanismo surgido del contacto del hombre moderno, que salía de la Edad Media, con la altura de la antigüedad clásica.

Más tarde, durante el siglo XVI, el humanismo adquirió una inflexión más cortesana; sirvió entonces para designar hombres eruditos, encerrados en su saber, que no se interesaban en los problemas de la vida política y social de su propio tiempo, y cuya actitud de alejamiento ya no se dirigía a la afirmación del hombre, sino que representaba un valor puramente negativo. (...) Esto representa una degeneración de su primitivo y auténtico significado. (...) Leonardo Bruni, uno de los primeros humanistas (...) en una de sus epístolas nos da este consejo: "Que tu saber sea vario y múltiple, y que nada que pueda contribuir a la formación, a la dignidad, a la exaltación de la vida, sea olvidado". (...) Ello sugiere un equilibiro y una serenidad de juicio ante todo lo que es vital para el hombre, además de una afirmación positiva y optimista: el elogio de la vida.

Ahora bien, en la cultura contemporánea del mundo occidental se asiste a una progresiva negación de la vida, a una búsqueda bastante apremiante de evasión. (...) También se abandona ese esfuerzo intelectual y se arriba a lo informal, surgido de reacciones instintivas e incontroladas. La negación de la dignidad y del elogio de la vida, enunciado por Leonardo Bruni, no podría se más total.

En la vida cutltural contemporánea existe, pues, entre otras, esta profunda contradicción: la cultura europea se opone a otras culturas en tanto que se proclama depositaria del humanismo. (...) Sin embargo, la destrucción de la concepción humanística de la existencia y de su tradición surge precisamente del interior de nuestra cultura: los venenos mortales se preparan en nuestra cocina europea. Y parecemos orgullosos de haberlos producido.

(...)

Lo que impulsaba al arte griego hacia esa búsqueda era el deseo (...) de dominar la realidad del mundo externo a través de la inteligencia y la cultura humana, porque comprendieron que el mundo pertenece al hombre. Por tanto, es una afirmación positiva respecto a la riqueza de la vida y una prueba de confianza en las posibilidades humanas.

(...)

Una toma de conciencia del valor del legado griego todavía puede sernos útil. No para predicar, desde luego, una vuelta al clasicismo, que, aun cuando fuera posible, sería directamente falsa y convencional. Sino (...) para trazar de nuevo los principios de una nueva dimensión humana a medida que se reconoce la posibilidad de volver a tener fe en el hombre, sobre la base de un humanismo positivo que vaya acompañado de una afirmación de la vida: porque el hombre tiene en sí el poder de transformarla. Y, en la actualidad, ese poder se ha incrementado enormemente".



Ranuccio Bianchi Bandinelli, en Del helenismo a la Edad Media

viernes, 20 de junio de 2008

De la vida


"Preferiría ser el más humilde de los hombres entre los vivos que el príncipe de los muertos". Estas son las amargas palabras que el Pelida Aquiles ("el de los pies ligeros") de dirigía a Odiseo Laertíada ("el fecundo en ardides") cuando éste visitó el Hades en su viaje de regreso a su hogar en Ítaca. Si uno ha leído antes la Ilíada, esa declaración del más valeroso de los aqueos resulta demoledora. Aquiles había preferido en vida morir joven pero ganando la inmortalidad al sobrevivir en la memoria de las generaciones venideras por sus hechos, a tener una larga y pacífica vida, con vástagos, pero sin gloria alguna. Era el paradigma del héroe. Y, sin embargo, una vez muerto se arrepentía de su elección: reconocía al fin que la vida es el don más preciado.

Hoy en día se niega la existencia de Homero y se habla de que la Ilíada y la Odisea son obra de diferentes autores. Por mi parte yo prefiero seguir creyendo que Homero existió, siendo un poeta genial que recogió la tradición oral acerca del ciclo troyano y le dio una forma más definida. No es que me oponga intelectualmente a los filólogos e historiadores que descartan a Homero (no he leído lo suficiente para conocer siquiera sus argumentos); sencillamente me gusta pensar que Homero fue un personaje real.

Hay, además, una teoría que explica el diferente espíritu que late tras uno y otro poema que me complace especialmente. No sé dónde la escuché o leí por vez primera, pero desde entonces la he hecho mía. Si la Ilíada es el canto a los valores agonísticos, planteándose que la finalidad de la vida del hombre/guerrero es lograr la gloria que le garantice no sólo la preeminencia social, sino sobre todo la inmortalidad, la Odisea es el canto a la vida y a los sencillos placeres que en ella se encuentran: el hogar, la tierra propia, la familia, los amigos... Algo que sólo se aprecia tras un largo viaje emprendido con ambiciones que acaban revelándose vanas (aunque el viaje también puede reportar, al mismo tiempo, experiencias y conocimientos valiosos, como magistralmente expuso en sus versos Kavafis). Esta contraposición se explica si interpretamos que la Ilíada es obra de un Homero joven, lleno de ímpetu, deseoso de sobresalir y dejar huella a su alrededor, mientras que la Odisea es obra de un Homero maduro, experimentado, que sabe que pocas y sencillas son las cosas que merecen la pena y que la vida ha de aprovecharse viviéndola en el día a día y no consumiéndola en fútiles empresas. Me encanta imaginar a un Homero mayor reflexionando acerca de la vida, del ser humano, etc.

jueves, 21 de febrero de 2008

Una persona ejemplar


Había pensado en titular esta entrada "Un socialista ejemplar", pero creo que el hombre al que me refiero, Alfonso Guerra, es admirable globalmente como persona, pues siempre ha sabido mantener una coherencia entre sus actos y su ideología, basada en unos posicionamientos éticos y humanistas con los que me siento plenamente identificado y en una honestidad poco frecuente.

En estos momentos he comenzado la lectura del segundo (y último) tomo de sus memorias, Dejando atrás los vientos, dedicado al período en el que fue Vicepresiedente del Gobierno entre 1982 y 1991, tras haber terminado justo ayer el primero (Cuando el tiempo nos alcanza, que va de 1940 a 1982), lo que me ha permitido acercarme en profundidad a su forma de ver el mundo, la política, la vida... Fruto de ello se ha incrementado con mucho mi admiración por Guerra, al que sin duda confirmo como un referente personal ineludible.

Guerra, desde un profundo humanismo, aboga por un socialismo que impregne la política de una preocupación real por todos los seres humanos, intentando asegurar que su vida sea digna y que no sufra menoscabo alguno su libertad. Aunque no duda que la labor del gobernante es servir a sus ciudadanos, Guerra señala un objetivo que él hizo propio además del anterior: el intentar cambiar las cosas para alcanzar una sociedad más justa, un mundo más equilibrado. En la Introducción de Dejando atrás los vientos dice: "El mundo es muy injusto, lo era cuando llegamos los que estamos aquí y lo seguirá siendo cuando nos vayamos; pero es un acto de decencia, de dignidad, no aceptar la humillante, la cruel desigualdad que castiga a muchas personas" (p. 20).

Ese humanismo socialista de Guerra se manifiesta, además de en su compromiso social, con los más desfavorecidos, en su espíritu universal, su "concepción del ser humano universal, imposible de aceptar un encorsetamiento regional o provinciano" (p. 244 t. 1).

Alfonso Guerra es un luchador por la libertad y dignidad humanas, siempre fiel a sus principios y, al mismo tiempo, con una capacidad de autocrítica y reflexión que le llevan afirmar que ni el fin justifica los medios, ni los medios el fin. Desde su época de activista político clandestino durante la dictadura franquista, hizo gala de una gran conciencia de la responsabilidad, la lealtad personal, el compromiso con los demás y la honestidad. Siempre fue de cara, sin dobleces ni artimañas, sin esconderse y sin renunciar a la verdad.

Además, es innegable que su aportación ha sido fundamental para el afianzamiento de la democracia y las libertades civiles inherentes a ella en este país, tanto cuando estaba en la oposición (desde la cual fue uno de los grandes artífices, junto con Abril Martorell, con el que trabó una profunda amistad, del consenso constitucional) como desde su cargo de Vicepresidente del Gobierno, del que fue pieza imprescindible y, como se ha comprobado desde su salida del gobierno, irremplazable, dada su gran formación, su capacidad de trabajo, su valía intelectual y humana...

Por todo esto considero a Alfonso Guerra una persona ejemplar, un referente tanto ideológico como vital. Creo en su forma de ver la política y la vida en general: con un idealismo no desapegado de la realidad, con compromiso, solidaridad, diálogo, honestidad y transparencia y también con autocrítica y amor por la verdad y el bienestar común de todos los seres humanos, desde unos presupuestos éticos humanistas.

Animo vivamente a la lectura de sus memorias, muy cercana, honestas y sentidas; como es él mismo.

miércoles, 4 de julio de 2007

Poesía

Enfrascado como estoy en la elaborción de un trabajo sobre el reflejo de la otra Edad Media en los poemas del Arcipreste de Hita, el Marqués de Santillana y Jorge Manrique, ha sido inevitable que volviese a pensar en qué magnífica es la literatura. Mejor: qué magnífica es la inquietud humana que nos lleva a plasmar nuestros sentires a través de la palabra. En ese propósito, a mi juicio es la poesía la creación más lograda. En ella, el juego que hace el poeta con la lengua y con el alma, entrelazándolas, es sublime.
Y cómo sobrecoge pensar que desde Homero el hombre lleva volcando su espíritu en la palabra. Una vez escribí que el crear literatura hace que el ser humano merezca la pena como ser viviente. Cada día me reafirmo más en ello.

viernes, 25 de mayo de 2007

Sostiene Pereira...


"Sostiene Pereira que le conoció un día de verano. Una magnífica jornada veraniega, soleada y aireada, y Lisboa resplandecía. Parece que Pereira se hallaba en la redacción, sin saber qué hacer, el director estaba de vacaciones, él se encontraba en el aprieto de organizar la página cultural, porque el Lisboa contaba ya con una página cultural, y se la habían encomendado a él.

(...)

Se dirigió al café Orquídea, que estaba allí a dos pasos, pasada la carnicería judía, y se sentó en una mesa, pero dentro del local, porque por lo menos tenían ventiladores, visto que fuera no se podía ni estar a causa del bochorno. Pidió una limonada, fue al servicio, se mojó la cara y las manos, hizo que le trajeran un cigarro, pidió el periódico de la tarde y Manuel, el camarero, le trajo precisamente el Lisboa."


Así comienza (primer fragmento) y continúa páginas más adelante (segundo) la magnífica novela de Antonio Tabucchi Sostiene Pereira, una de mis preferidas. Y así comienzo yo este blog que me he propuesto llevar adelante con mayor éxito que mi espacio (algunos lo conocéis: Animula Vagula Blandula).

He escogido este título porque me encanta recrearme en la imagen del maduro señor Pereira --al que imagino tal y como lo caracterizó el director de la adaptación cinematográfica, Roberto Faenza, encarnado en la figura del actor que le dio vida: mi admirado Marcello Mastroianni-- trabajando en la redacción del Lisboa esos días de verano de 1938, o yendo al café Orquídea a tomar una omelette a las finas hierbas acompañada de una limonada mientras Manuel le comenta las noticias frescas acerca de los acontecimientos internacionales de esos turbulentos años, o yendo a consultarle al padre António sus dudas y temores sobre la resurrección de la carne (es una escena muy simpática), o tratando con el joven Monteiro Rossi, comprometido con la vida y la libertad, al que acabará queriendo como un hijo. Es, en suma, el de Pereira, el ejemplo de que la edad no es óbice para estar comprometido con las causas justas: aquéllas que defienden la libertad, la dignidad, la igualdad, la solidaridad, el compromiso... Valores imperecederos en los que yo creo firmemente.

Además, la Lisboa del primer tercio del siglo XX es una ciudad muy atrayente, tanto física (hoy lo atestiguan los edificios conservados, con un gran sabor "años 20") como intelectualmente (ámbito en el que sobresale Fernando Pessoa, el poeta de los heterónimos). El propio Pereira representa a esa intelectualidad portuguesa, floreciente ya desde la segunda mitad del siglo XIX (momento en el que destacan figuras del realismo como Eça de Queiroz), que durante la terrible dictadura salazarista se vio oprimida y obligada al exilio o al silencio; represión muy similar a la que pocos después sufrirá la intelectualidad española y cuyos primeros crímenes ya menciona la novela de Tabucchi (véase el asesinato de García Lorca).


Por todo ello, y por sentirme muy identificado con los personajes principales (Pereira y Monteiro Rossi) así como cómplice del pueblo portugués --pues, a mi juicio (el de un gallego que ama el sur de Europa) portugueses, españoles, italianos, parte de los franceses, y también los griegos, encarnamos la Europa de carácter: genial, vivaz, jovial aunque también atávica e inmovilista en ocasiones--, he decidido titular mi blog Una limonada en el café Orquídea. Espero que mis artículos os resulten, futuros lectores, tan refrescantes y sugerentes como lo eran las limonadas del Orquídea para Pereira.


En recuerdo de Pereira, queda, pues, inaugurado este blog. Buenas intenciones no faltan.


Un saludo.