Homo sum et nihil humanum a me alieno puto

miércoles, 8 de octubre de 2008

Imagine

Imagine there's no heaven
It's easy if you try
No hell below us
Above us only sky
Imagine all the people
Living for today...

Imagine there's no countries
It isn't hard to do
Nothing to kill or die for
And no religion too
Imagine all the people
Living life in peace...

You may say I'm a dreamer
But I'm not the only one
I hope someday you'll join us
And the world will be as one

Imagine no possessions
I wonder if you can
No need for greed or hunger
A brotherhood of man
Imagine all the people
Sharing all the world...

You may say I'm a dreamer
But I'm not the only one
I hope someday you'll join us
And the world will live as one.



John Lennon, Imagine.
Imagina que no hay Cielo / Es fácil si lo intentas / No hay Infierno bajo nosotros / Sobre nosotros sólo cielo / Imagina a todo el mundo viviendo por el hoy. // Imagina que no hay países / No es difícil hacerlo / Nada por lo que matar o morir / y tampoco ninguna religión / Imagina a toda la gente viviendo la vida en paz // Dirás que soy un soñador / Pero no soy el único / Espero que algún día te unas a nosotros /y el mundo sea uno. // Imagina que no hay posesiones / creo que puedes/ Sin necesidad de rencor o rabia / Una hermandad de hombres / Imagina a toda la gente / protegiendo el mundo / / Dirás que soy un soñador / pero no soy el único / Espero que algún día te unas a nosotros / y el mundo viva como uno solo.

Madrid socialista


Ayer el Teutón y yo hicimos parte de lo que se podría llamar el recorrido socialista de Madrid. Fuimos a la calle Ferraz a ver la sede del PSOE (situada en un edificio vinculado a Pablo Iglesias) y después, en el centro de Madrid (en la calle Tetuán), nos tomamos una caña y dos croquetas en el mítico bar restaurante Casa Labra, lugar en el que un grupo de heroicos obreros encabezados por Pablo Iglesias, decidieron fundar el PSOE en 1879, con el fin de defender los derechos de los trabajadores, entre otros a asociación y reunión como reza una placa en la fachada del edificio. Finalmente nos dirigimos a la Carrera de San Jerónimo a contemplar el Congreso de los Diputados, símbolo de una democracia que se consolidó definitivamente con la victoria socialista en 1982.


lunes, 6 de octubre de 2008

Madrid, historia viva,nuestra historia.


Madrid es una ciudad muy viva, creativa e integradora. Está llena de edificios apabullantes, preciosos, elegantes, dignos de una gran capital europea. Pero además es historia viva; es nuestra historia recordada en calles, plazas, monumentos, museos, jardines, parques, cafés, bares, librerías... Esto es lo que no he dejado de pensar en esta semana que llevo aquí. Todo está impregnado de historia, de historia de España. La plaza Mayor y sus alrededores y la plaza de la Villa recuerdan al Madrid de los Austrias, con sus edificios reales magníficos en su sobriedad, y es inevitable pensar en sus callejas recorridas por figuras embozadas en noches rotas; la estatua de la Puerta del Sol, la Puerta de Alcalá y el Palacio Real a Carlos III y sus planes ilustrados (aunque absolutistas); el edificio de Correos y los inicios del siglo XX; calles y paradas de Metro homenajean en la memoria colectiva a los más significativos personajes: artistas como Velázquez o Goya; militares como Serrano; políticos decimonónicos que escribieron las primeras páginas de la España liberal y parlamentaria (Espartero, Cánovas, Sagasta, Canalejas); escritotres e intelectuales de la talla de Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Galdós, Pardo Bazán, Valle-Inclán, Gómez de la Serna, Ortega y Gasset, los integrantes de la Generación del 27 en la Residencia de Estudiantes, la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos, la Generación de los 50 apadrinada por Aleixandre... Madrid nos recuerda el enorme patrimonio con el que cuenta España desde hace siglos. También lo mucho que costó acabar con la última de las tiranías que ha sufrido el país desde tiempo atrás: el edificio de las Cortes me llenó de orgullo, pensando en que ahí dentro estamos representados todos, con nuestros derechos inalienables. No hay que olvidar lo mucho que costó conseguirlo y lo que significa tener una cámara donde individuos electos representan la soberanía popular.

P.D. Ya que mi padre estudió aquí en Madrid, es inevitable que me acuerde mucho de él. Madrid es también su Madrid para mí- Lo curioso es que también me acuerdo de ti, David. En Madrid te comprendo un poco mejor. Un abrazo.


P.P.D Oye, David, ¿no creesque tus alumnos entenderían o al menos estudiarían mejor la historia de España que les das en Madrid? Hasta en el metro te dicen quién es Serrano o te muestran grabados de Goya.

martes, 16 de septiembre de 2008

Animula vagula blandula

"Animula uagula blandula
hospes comesque corporis
quae nunc abibis in loca
pallidula, rigida, nudula,
nec, ut soles, dabis iocos"
"Pequeña alma, errante, cariñosa,
huésped y compañera de mi cuerpo,
que te alejarás ahora hacia lugares
lívidos, yertos, desnudos,
y ya no te entragarás, como sueles, a tus juegos".
Publius Aelius Hadrianus (76-138 d. C)

lunes, 8 de septiembre de 2008

Algunos extractos de Memorias de Adriano

No me he podido resistir a publicar algunos de los extractos de Memorias de Adriano que más me han gustado. Son reflexiones que me conmueven.
"Pero las jergas bárbaras valen a lo sumo por las reservas que proporcionan a la palabra, y por todo lo que sin duda expresarán en el porvenir. En cambio el griego tiene tras de él tesoros de experiencia, la del hombre y la del Estado. De los tiranos jonios a los demagogos de Atenas, de la pura austeridad de un Agesilao a los excesos de un Dionisio o de un Demetrio, de la traición de Dimarates a la fidelidad de Filopemen, todo lo que cada uno de nosotros puede intentar para perder a sus semejantes o para servirlos, ha sido hecho ya alguna vez por un griego. Y lo mismo ocurre con nuestras elecciones personales: del cinismo al idealismo, del escepticismo de Pirrón a los sueños sagrados de Pitágoras, nuestras negativas o nuestros asentimientos ya han tenido lugar; nuestros vicios y virtudes cuentan con modelos griegos. Nada iguala la belleza de una inscripción votiva o funeraria latina; esas pocas palabras grabadas en la piedra resumen con majestad impersonal todo lo que el mundo necesita saber de nosotros. Yo he administrado el imperio en latín; mi epitafio será inscrito en latín sobre los muros de mi mausoleo a orillas del Tíber; pero he pensado y he vivido en griego" (p. 36).


"Pero nuestro arte (quiero decir el griego) ha elegido atenerse al hombre. Sólo nosotros hemos sabido mostrar en un cuerpo inmóvil la fuerza y la agilidad latentes; sólo nosotros hemos hecho de una frente lisa el equivalente de un pensar profundo. Soy como nuestros escultores: lo humano me satisface, pues allí encuentro todo, hasta lo eterno" (p. 111).
Esa última frase, que he puesto en negrita, es impresionante. No se puede expresar mejor y de forma más sintética lo que anima el espíritu humanista.

Memorias de Adriano




Continuando con mi intención de comentar las que a mi parecer son las mejores novelas históricas, hoy voy a referir algunas impresiones que ha vuelto a suscitar en mí la lectura de una de las obras maestras no sólo de la literatura del siglo XX, sino de la historia, Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar. Al releer esta obra maestra he vuelto a conmoverme con las profundas reflexiones que la autora pone en boca de su personaje y a deleitarme con la sutileza y elegancia de su estilo. Obras como ésta son las que han elevado la literatura en todas sus facetas.

Aquellos que me tratáis, sabéis de mi admiración por el emperador Publio Elio Adriano -nacida hace varios años de la lectura de esta novela precisamente y confirmada por lecturas posteriores como la rigurosa biografía de Adriano hecha por Anthony Birley-, pero el placer que supone la lectura de Memorias de Adriano no se limita a la aproximación que Yourcenar hace al personaje. El gran conocimiento que Yourcenar demuestra del mundo clásico le proporciona el camino para realizar el magistral retrato psicológico de este hombre extraordinariamente activo, perspicaz, sensible al mundo y a la vida, que cultivó todas las artes y estuvo siempre abierto al conocimiento.


En determinados momentos de la narración, Yourcenar logra aproximarse mucho a las opiniones de Adriano verosímil, haciendo que el personaje se exprese con gran fuerza vital, para acabar siempre trascendiéndolo, confundiendo su probable voz histórica con la más universal del humanista. Hecho éste que convierte Memorias de Adriano en una pieza literaria única y cimera.


El humanismo, como bien dice Bianchi Bandinelli en un artículo del cual yo he publicado en este blog, anteriormente, varios fragmentos escogidos, nace en la Grecia clásica y se plasma en la corriente filosófica sofista así como en el arte: el hombre es el centro de atención, la medida de todas las cosas, y se plantea que es a su dignidad y a sus necesidades vitales y espirituales hacia donde se debe dirigir el conocimiento. El hombre nunca debe olvidar al hombre. Las corrientes filosóficas en alza desde inicios del siglo III a. C (el estoicismo, el epicureísmo), centradas en el plano ético, mantendrán esta atención a los problemas del ser humano, y de ellas beberán muchos de los grnades hombres de Roma: Cicerón, Séneca, el propio Adriano, Marco Aurelio... No obstante, Adriano sobresale entre ellos por su admiración por el mundo griego y por haber vivido libremente.


Adriano fue libre -superando los prejuicios de su tiempo, o cargando con ellos- para pensar, amar y crear, no por ser el princeps (lo que suponía, en contra de lo que en un primer momento se podría imaginar, una restricción del deseo personal mayor que la de un simple particular), sino por su forma de afrontar la vida, amándola plenamente aunque rigiéndose por una ética meditada y un comedimiento necesarios, en una actitud parecida a la del epicúreo y la del estoico, pero sin la evasión del mundo que pretendían ambas escuelas (y por lo que nunca se ha encuadrado a Adriano en ellas definitivamente). Un hombre tan libre como para atreverse a enfrentarse a sí mismo al final de su vida, rindiéndose cuentas en una ficción que, sin embargo, parte del hecho de que existieron unas memorias, hoy perdidas, que el verdadero Adriano realmente escribió. La gran intuición de Yourcenar fue ver esa naturaleza de hombre libre en Adriano; su maestría consistió en aprovecharla para acabar escribiendo un conjunto de reflexiones acerca de la vida, la muerte, la naturaleza humana y sus pasiones con un carácter universal y de hondo calado. El Adriano histórico es una figura muy interesante, que ejerce gran atracción en el historiador, en el humanista, pero la Marguerite Yourcenar oculta tras su personaje, que se halla en las reflexiones que pone en boca de éste, no lo es menos. Su obra es el mejor monumento que se le ha podido erigir al humanismo y un verdadero hito literario; comprenderéis mejor ahora, por tanto, el entusiasmo que demuestro por Memorias de Adriano.









viernes, 1 de agosto de 2008

Dos héroes


En estos días he descubierto a un gran personaje histórico y he profundizado en otro que siempre he tenido en buena consideración. He subido a mis particulares altares de la memoria a dos nuevos héroes: Guillermo el Mariscal (1145?-1219) y don Juan de Austria (1547-1578).
La obra prosopográfica del gran Georges Duby Guillermo el Mariscal (Guillaume le Maréchal ou le melieur chevallier du monde) es magistral. A través de los retazos conocidos de la vida de Guillermo el Mariscal (sobre todo a través de un poema a él dedicado tras su muerte) muestra las claves que caracterizaron a la élite de la segunda mitad del siglo XII en Inglaterra y Francia: la vida, valores y aspiraciones de los caballeros andantes, las relaciones fuedovasalláticas, la política de los reyes ingleses, el papel de la mujer, la puesta en escena de la muerte, etc. Así que he repasado de la mano de Duby parte de la esencia del pleno Medievo, además de conocer los hechos que hicieron del longevo Guillermo el mejor caballero, por su valentía, lealtad y capacidad (era el mejor en los torneos y en la batallas, y venció en Lincoln a avanzada edad), y que lo llevaron a gozar del favor de Enrique II Plantagenêt y de sus barones, obligando a Ricardo Corazón de Léon y a Juan Sin Tierra, que lo temían y le guardaban diversos rencores, a contar con él, siendo finalmente el tutor del aún niño Enrique III. La época en que vivió Guillermo el Mariscal es una de las más apasionantes: la corte de los Plantagenêt, las diputas territoriales entre los reyes de Inglaterra (como duques de Normandía) y los de Francia, las Cruzadas (Guillermo fue a Tierra Santa, de hecho), etc. Asimismo, he repasado con Duby las claves del mundo caballeresco que tanto me ha fascinado siempre. Tengo muchas ganas de ir a Londres a visitar su tumba en la iglesia del Temple.
En cuanto a don Juan de Austria, he leído una rigurosa biografía sobre su vida realizada por otro reconocido historiador, Bartolomé Bennassar, que me ha revelado el carácter carismático y audaz de don Juan y me ha confirmado sus grandes dotes militares. La victoria en Lepanto en 1571 fue, en verdad, la gran gesta militar de su tiempo, y no me extraña que alguien que participó en ella como Cervantes la calificase como “la más grande ocasión que vieron los tiempos”. Además, su labor militar anterior en las Alpujarras frente a los moriscos fue fundamental para aplacar el levantamiento de éstos, y su política en Flandes, en los úlitmos años de su vida, fue acertada, siendo repetuoso con los protestantes y las instituciones de esas tierras, pero también rápido a la hora de cortar cualquier desmán alentado por el traicionero Guillermo de Orange. La vida de don Juan fue fugaz, murió sin haber cumplido los 32 años, pero su fama fue ya muy grande mientras vivía, gracias a Lepanto, a su carácter amable y gentil, y a su ambición. Fue el Alejandro de la Edad Moderna, aunque le faltó haber accedido, como quería, a una corona real europea, deseo que, sin embargo, nunca hizo que se quebrara su lealtad hacia Felipe II. La época de don Juan es también apasionante: el auge del Imperio forjado por la Monarquía Hispánica, la guerra contra los turcos, las guerras de religión, las grandes acciones diplomáticas entre los Estados Modernos (España, Francia, la Serenísima República de Venecia, los Estados Pontificios…). Una época que tiene en España dos lugares señalados, entre otros: el monasterio de San Lorenzo del Escorial y el archivo de Simancas.