lunes, 31 de enero de 2011
miércoles, 18 de agosto de 2010
"Parca-Villaggio", di Mario Luzi.
Parca-Villaggio
A lungo si parlò di te attorno ai fuochi
dopo le devozioni della sera
in queste case grige ove impassibile
il tempo porta e scaccia volti d'uomini.
Dopo il discorso cadde su altri ed i suoi averi,
furono matrimoni, morti, nascite,
il mesto rituale della vita.
Qualcuno, forestiero, passò di qui e scomparve.
Io vecchia donna in questa vecchia casa,
cucio il passato col presente, intesso
la tua infanzia con quella di tuo figlio
che traversa la piazza con le rondini.
A lungo si parlò di te attorno ai fuochi
dopo le devozioni della sera
in queste case grige ove impassibile
il tempo porta e scaccia volti d'uomini.
Dopo il discorso cadde su altri ed i suoi averi,
furono matrimoni, morti, nascite,
il mesto rituale della vita.
Qualcuno, forestiero, passò di qui e scomparve.
Io vecchia donna in questa vecchia casa,
cucio il passato col presente, intesso
la tua infanzia con quella di tuo figlio
che traversa la piazza con le rondini.
Mario Luzi, "Parca-Villaggio", da La barca (1935).
Parca-Aldea
Largamente se habló de ti en torno a los fuegos / después de las devociones de la tarde / en estas casas grises donde impasible / el tiempo trae y expulsa rostros de hombres. // Después el discurso recae sobre otros y sus haberes, / hubo matrimonios, muertos, nacimientos, / el triste ritual de la vida. / Alguno, forastero, pasó por aquí y desapareció. // Yo vieja mujer en esta vieja casa, / coso el pasado con el presente, tejo / tu infancia con la de tu hijo / que atraviesa la plaza con las golondrinas.
martes, 17 de agosto de 2010
La Historia, la mejor narradora

Os dejo con una de las magníficas reflexiones -por su profundidad y su forma- que realiza el austríaco Stefan Zweig (1881-1942) en sus Momentos estelares de la humanidad. Zweig retoma la idea griega de que la mejor zurcidora de cantos es la Historia, encarnada en su musa, Clío, de la que bebían los poetas épicos antiguos, pero dándole una horma moderna en su expresión.
"Ningún artista es durante las veinticuatro horas de su jornada diaria ininterrumpidamente artista. Todo lo que de esencial, todo lo que de duradero consigue, se da siempre en los pocos y extraordinarios momentos de inspiración. Y lo mismo ocurre con la Historia, a la que admiramos como la poetisa y la narradora más grande de todos los tiempos, pero que en modo alguno es una creadora constante. (...) La mayoría de las veces, en su calidad de cronista se limita a hilvanar, indolente y tenaz, punto por punto, un hecho tras otro en esa inmensa cadena que se extiende a lo largo de miles de años, pues toda crisis necesita un periodo de preparación y todo auténtico acontecimiento, un desarrollo. Los millones de hombres que conforman un pueblo son necesarios para que nazca un solo genio. Igualmente han de transcurrir millones de horas inútiles antes de que se produzca un momento estelar de la humanidad.
[...]
Un único "sí", un único "no", un "demasiado pronto" o un "demasiado tarde" hacen que ese momento sea irrevocable para cientos de generaciones, determinando la vida de un solo individuo, la de un pueblo entero e incluso el destino de toda la humanidad.
(...) Aquí he tratado de evocar, a partir de las más variadas épocas y regiones, algunos de esos momentos estelares --los he denominado así, porque, resplandecientes e inalterables como estrellas, brillan sobre la noche de lo efímero--. En ningún caso se ha procurado decolorar o intensificar la verdad de los acontecimientos externos o internos recurriendo a la propia invención, pues en esos instantes sublimes que la Historia configura a la perfección, no es necesario que ninguna mano acuda en su ayuda. Allí donde ella impera como poetisa, como dramaturga, ningún escritor tiene derecho a intentar superarla."
Stefan Zweig, Momentos estelares de la humanidad.
jueves, 29 de julio de 2010
viernes, 21 de mayo de 2010
Uno de los Sonetos a Orfeo, de Rilke.

Un dios lo puede. Pero dime, ¿cómo
podrá seguirlo un hombre por la angosta lira?.
Su espíritu es discordia. En el cruce de caminos
del corazón no se alza templo alguno para Apolo.
El canto, como tú lo enseñas, no es anhelo,
ni tampoco es rogar por algo que al final se alcanza;
el canto es existencia. Fácil para un dios,
pero nosotros, ¿cuándo somos?¿Y cuándo
dedicará él a nuestro ser la tierra y las estrellas?
Esto no es tu amor, muchacho, y aunque
la voz te obligue a abrir la boca,
aprende a olvidar que tú cantaste. Eso es pasajero.
El canto es, en verdad, un aliento diferente.
Un hálito por nada. Un soplo en Dios. Un viento.
Rainer Maria Rilke. Sonetos a Orfeo, III.
domingo, 9 de mayo de 2010
Sin leyes, de Claudio Rodríguez.
SIN LEYES
Ya cantan los gallos,
amor mío. Vete:
cata que amanece.
Anónimo.
En esta cama donde el sueño es llanto,
no de reposo, sino de jornada,
nos ha llegado la alta noche. ¿El cuerpo
es la pregunta o la respuesta a tanta
dicha insegura? Tos pequeña y seca,
pulso que viene fresco ya y apaga
la vieja ceremonia de la carme
mientras no quedan gestos ni palabras
para volver a interpretar la escena
como noveles. Te amo. Es la hora mala
de la cruel cortesía. Tan presente
te tengo siempre que mi cuerpo acaba
en tu cuerpo moreno por el que una
vez más me pierdo, por el que mañana
me perderé. Como una guerra sin
héroes, como una paz sin alianzas,
ha pasado la noche. Y yo te amo.
Busco despojos, busco una medalla
rota, un trofeo vivo de este tiempo
que nos quieren robar. Estás cansada
y yo te amo. Es la hora. ¿Nuestra carne
será la recompensa, la metralla
que justifique tanta lucha pura
sin vencedores ni vencidos? Calla,
que yo te amo. Es la hora. Entra ya un trémulo
albor. Nunca la luz fue tan temprana.
Claudio Rodríguez, "Sin leyes", Alianza y condena (1965).
miércoles, 28 de abril de 2010
"Cuando una boca suave boca dormida besa", de Idea Vilariño.

" Cuando una boca suave boca dormida besa
como muriendo entonces,
a veces, cuando llega más allá de los labios
ylos párpados caen colmados de deseo
tan silenciosamente como consiente el aire,
la piel con su sedosa tibieza pide noches
y la boca besada
en su inefable goce pide noches, también.
Ah, noches silenciosas, de oscuras lunas suaves,
noches largas, suntuosas, cruzadas de palomas,
en un aire hecho manos, amor, ternura dada,
noches como navíos...
Es entonces, en la alta pasión, cuando el que besa
sabe ah, demasiado, sin tregua, y ve que ahora
el mundo le deviene un milagro lejano,
que le abren los labios aún hondos estíos,
que su conciencia abdica,
que está por fin él mismo olvidado en el beso
y un viento apasionado le desnuda las sienes,
es entonces, al beso, que descienden los párpados,
y se estremece el aire con un dejo de vida,
y se estremece aún
lo que no es aire, el haz ardiente del cabello,
el terciopelo ahora de la voz, y, a veces,
la ilusión ya poblada de muertes en suspenso. "
Idea Vilariño (Montevideo, 1920-2009).
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