Homo sum et nihil humanum a me alieno puto

martes, 1 de julio de 2008


"Talia per clipeum Volcani, dona parentis,

miratur rerumque ignarus imagine gaudet

attollens umero famamque et fata nepotum".



"[Eneas] contempla estas escenas del escudo de Vulcano, don materno.
Desconoce los hechos, pero goza mirando las figuras
y carga a sus espaldas la gloria y los destinos de sus nietos".
Publio Virgilio Maro, Eneida, VIII, 729-731

lunes, 30 de junio de 2008

¡Campeones, al fin!

España acaba de proclamarse campeona de Europa. Se hace tan raro estar del lado de los campeones que parece mentira... Pero esta vez nos toca disfrutar a nosotros. Además, se ha vencido a Alemania (una de las grandes)y jugándole muy bien, con nuestro estilo de toque y juego veloz. La alegría está en el ambiente, por doquier. Todo el mundo lo celebra y, como dice José Ramón de la Morena en El Larguero, hoy nadie se apropia a título particular del nombre de España.
Este grupo de jugadores que conforman la selección se lo merece por su garra, su buen talante y su camaradería interna. Ha sido muy bonito ver a Casillas levantar la copa. Nos lo merecemos.

domingo, 29 de junio de 2008

A Allende. In memoriam.


A Salvador Allende, un hombre bueno, un gran hombre. Por su gran ejemplo de socialismo y por su entrega en favor de los más necesitados y, en general, por su pueblo. En elcentenario de su nacimiento.

Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada,
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.

Yo vendré del desierto calcinante
y saldré de los bosques y los lagos,
y evocaré en un cerro de Santiago
a mis hermanos que murieron antes.

Yo unido al que hizo mucho y poco
al que quiere la patria liberada
dispararé las primeras balas
más temprano que tarde, sin reposo.

Retornarán los libros, las canciones
que quemaron las manos asesinas.
Renacerá mi pueblo de su ruina
y pagarán su culpa los traidores.

Un niño jugará en una alameda
y cantará con sus amigos nuevos,
y ese canto será el canto del suelo
a una vida segada en La Moneda.

Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada,
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.


Canción de Pablo Milanés.

lunes, 23 de junio de 2008

El humanismo, hoy


A continuación os traslado un estracto de una conferencia dada en 1964 por el gran humanista Ranuccio Bianchi Bandinelli, de cuya escuela arqueológica me siento partícipe. Es todo un alegato en favor del humanismo, tal y como yo también lo siento. Espero que disfruteis de sus palabras tanto como yo lo he hecho.



"En la cultura contemporánea existe, entre otras, una contradicción que concierne de manera directa al problema del humanismo, legado de la antigua Grecia.

Efectivamente, todo el mundo se autoproclama depositario del humanismo y de su tradición. Se habla mucho de un humanismo liberal, de un humanismo cristiano, de un humanismo socialista. ¿Pero qué es sustancialmente el humanismo, sin adjetivo alguno?

Al recorrer la historia de esa palabra, vemos que inicialmente nació para expresar una actitud espiritual que reivindicaba para el hombre la libertad de su espíritu y su poder sobre el mundo que le rodea, cosas basadas todas ellas en el trabajo selectivo de la razón. Sobre esa base se fue desarrollando, durante el primer Renacimiento italiano, el auténtico humanismo surgido del contacto del hombre moderno, que salía de la Edad Media, con la altura de la antigüedad clásica.

Más tarde, durante el siglo XVI, el humanismo adquirió una inflexión más cortesana; sirvió entonces para designar hombres eruditos, encerrados en su saber, que no se interesaban en los problemas de la vida política y social de su propio tiempo, y cuya actitud de alejamiento ya no se dirigía a la afirmación del hombre, sino que representaba un valor puramente negativo. (...) Esto representa una degeneración de su primitivo y auténtico significado. (...) Leonardo Bruni, uno de los primeros humanistas (...) en una de sus epístolas nos da este consejo: "Que tu saber sea vario y múltiple, y que nada que pueda contribuir a la formación, a la dignidad, a la exaltación de la vida, sea olvidado". (...) Ello sugiere un equilibiro y una serenidad de juicio ante todo lo que es vital para el hombre, además de una afirmación positiva y optimista: el elogio de la vida.

Ahora bien, en la cultura contemporánea del mundo occidental se asiste a una progresiva negación de la vida, a una búsqueda bastante apremiante de evasión. (...) También se abandona ese esfuerzo intelectual y se arriba a lo informal, surgido de reacciones instintivas e incontroladas. La negación de la dignidad y del elogio de la vida, enunciado por Leonardo Bruni, no podría se más total.

En la vida cutltural contemporánea existe, pues, entre otras, esta profunda contradicción: la cultura europea se opone a otras culturas en tanto que se proclama depositaria del humanismo. (...) Sin embargo, la destrucción de la concepción humanística de la existencia y de su tradición surge precisamente del interior de nuestra cultura: los venenos mortales se preparan en nuestra cocina europea. Y parecemos orgullosos de haberlos producido.

(...)

Lo que impulsaba al arte griego hacia esa búsqueda era el deseo (...) de dominar la realidad del mundo externo a través de la inteligencia y la cultura humana, porque comprendieron que el mundo pertenece al hombre. Por tanto, es una afirmación positiva respecto a la riqueza de la vida y una prueba de confianza en las posibilidades humanas.

(...)

Una toma de conciencia del valor del legado griego todavía puede sernos útil. No para predicar, desde luego, una vuelta al clasicismo, que, aun cuando fuera posible, sería directamente falsa y convencional. Sino (...) para trazar de nuevo los principios de una nueva dimensión humana a medida que se reconoce la posibilidad de volver a tener fe en el hombre, sobre la base de un humanismo positivo que vaya acompañado de una afirmación de la vida: porque el hombre tiene en sí el poder de transformarla. Y, en la actualidad, ese poder se ha incrementado enormemente".



Ranuccio Bianchi Bandinelli, en Del helenismo a la Edad Media

¡Adiós, complejos, adiós!. ¡Adiós, maldiciones!


España ha pasado los cuartos de final de la Eurocopa. Repitámoslo todos: España ha pasado de cuartos. Hoy nuestra generación ha vivido un día histórico y, de un plumazo, se han esfumado todos los fantasmas que siempre acompañan a la selección en los campeonatos mundiales y europeos de fútbol. Ha resultado muy terapéutico, sin duda.

Siempre huyo de patrioterismos y exaltaciones nacionales vanas y rancias. Por otra parte, afronto el fútbol como lo que es, un deporte, un juego, un entretenimiento; no me gustan nada los forofismos. Dicho esto, sí he de decir que estoy muy contento de que la selección se haya quitado de encima esa losa derrotista que acarreaba desde hacía mucho tiempo. Es bonito ver a la gente contenta, por una vez no desilusionada, y además me alegra que determinados futbolistas que me caen bien (Casillas, sobre todo) también saboreen el éxito en un campeonato entre países. Fuera de esto: el partido fue malísimo, lo jugaron fatal ambos equipos y sólo los últimos diez minutos y la prórroga estuvieron interesantes y con ocasiones para España.

Por cierto, me encantaron los gestos de cariño que se dieron al final dos grandes deportistas: Casillas y Buffon, fundidos en un sincero abrazo, dando ejemplo de cómo tienen que ser los futbolistas. Un diez para ambos.

viernes, 20 de junio de 2008

De la vida


"Preferiría ser el más humilde de los hombres entre los vivos que el príncipe de los muertos". Estas son las amargas palabras que el Pelida Aquiles ("el de los pies ligeros") de dirigía a Odiseo Laertíada ("el fecundo en ardides") cuando éste visitó el Hades en su viaje de regreso a su hogar en Ítaca. Si uno ha leído antes la Ilíada, esa declaración del más valeroso de los aqueos resulta demoledora. Aquiles había preferido en vida morir joven pero ganando la inmortalidad al sobrevivir en la memoria de las generaciones venideras por sus hechos, a tener una larga y pacífica vida, con vástagos, pero sin gloria alguna. Era el paradigma del héroe. Y, sin embargo, una vez muerto se arrepentía de su elección: reconocía al fin que la vida es el don más preciado.

Hoy en día se niega la existencia de Homero y se habla de que la Ilíada y la Odisea son obra de diferentes autores. Por mi parte yo prefiero seguir creyendo que Homero existió, siendo un poeta genial que recogió la tradición oral acerca del ciclo troyano y le dio una forma más definida. No es que me oponga intelectualmente a los filólogos e historiadores que descartan a Homero (no he leído lo suficiente para conocer siquiera sus argumentos); sencillamente me gusta pensar que Homero fue un personaje real.

Hay, además, una teoría que explica el diferente espíritu que late tras uno y otro poema que me complace especialmente. No sé dónde la escuché o leí por vez primera, pero desde entonces la he hecho mía. Si la Ilíada es el canto a los valores agonísticos, planteándose que la finalidad de la vida del hombre/guerrero es lograr la gloria que le garantice no sólo la preeminencia social, sino sobre todo la inmortalidad, la Odisea es el canto a la vida y a los sencillos placeres que en ella se encuentran: el hogar, la tierra propia, la familia, los amigos... Algo que sólo se aprecia tras un largo viaje emprendido con ambiciones que acaban revelándose vanas (aunque el viaje también puede reportar, al mismo tiempo, experiencias y conocimientos valiosos, como magistralmente expuso en sus versos Kavafis). Esta contraposición se explica si interpretamos que la Ilíada es obra de un Homero joven, lleno de ímpetu, deseoso de sobresalir y dejar huella a su alrededor, mientras que la Odisea es obra de un Homero maduro, experimentado, que sabe que pocas y sencillas son las cosas que merecen la pena y que la vida ha de aprovecharse viviéndola en el día a día y no consumiéndola en fútiles empresas. Me encanta imaginar a un Homero mayor reflexionando acerca de la vida, del ser humano, etc.


"Cuando el rojo vino había invadido la mente del cíclope, me dirigí a él con dulces palabras:

Cíclope, ¿me preguntas mi célebre nombre? Pues te lo voy a decir, mas dame tú el don de hospitalidad como me has prometido. Nadie es mi nombre, y Nadie me llaman mi padre y mi madre y todos mis compañeros".


Homero, Odisea.