Aquí os dejo una de mis escenas favoritas dentro de las más memorables de la historia del cine: el discurso de Antonio en el funeral de César, momento crucial del Julio César de William Shakespeare llevado al cine por Joseph L. Mankiewicz en 1953. La interpretación de Marlon Brando es magistral; sólo este monólogo lo sitúa como uno de loas actores más grandes de la historia, a la altura que merecen las magníficas palabras surgidas del genio de Shakespeare. ¡Qué gran demagogo es el Antonio shakespeariano!
miércoles, 22 de julio de 2009
sábado, 27 de junio de 2009
El Gatopardo

Hay pocas satisfacciones como la del descubrimiento y lectura sosegada de un clásico y la paralela comprensión de su universalidad. El buen lector alcanza, entonces, un estado de plenitud. Así me hallé yo durante la lectura de una novela que hacía tiempo que quería leer, pero para la que esperaba el momento idóneo. Estoy hablando de El Gatopardo (Il Gattopardo), capolavoro de Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957) y una de las obras maestras de la literatura del siglo XX. Así que no me he resistido a comentar algunos aspectos de ella.
En primer lugar, hay que desterrar totalmente el recuerdo que se tenga de la adaptación cinematográfica realizada por Luchino Visconti en 1963: acertada en el reparto (Burt Lancaster es la viva imagen del príncipe de Salina), la película resulta, por lo demás, lenta, larga y muy superficial. Cuando se habla de El Gatopardo se suele pensar en el film, traspasándose la opinión habida de una a otra, en un acto de suma injusticia.
El Gatopardo es la historia del fin de una época, de los restos del poder aristocrático y feudal en Sicilia y de los modos de vida y claves que lo regían y su fin con el proceso de unificación italiana que conllevó el triunfo de los liberalismos y, en concreto, el ascenso de la burguesía, con sus nuevas reglas.
Ese fin de una época --presentado con ironía y nostalgia a un tiempo por Lampedusa, centrándose en el devenir de una familia noble, los Salina, y, sobre todo, en su cabeza, el príncipe don Fabrizio (trasunto de su bisabuelo)-- es el marco tomado por el autor para realizar, a través de don Fabrizio, un conjunto magistral de reflexiones acerca del sentir de la aristocracia, pero asimismo (y sobre todo), acerca de la condición humana y del ser siciliano. Véase cuando al final del capítulo 4 don Fabrizio le explica a Chevalley (enviado del reino del Piamonte a Sicilia para convencer al príncipe de que acepte ser senador) que los sicilianos no gustan de los cambios, sino que quieren mantenerse en un inmóvil sueño de perfección, inmune a las influencias de todos los pueblos que les han gobernador durante su historia. Don Fabrizio, además, está moralmente comprometido con el viejo régimen, a pesar de aceptar el nuevo para sobrevivir a él sin sobresaltos. El príncipe de Salina toma como válido el lema de su querido sobrino Tancredi: "Para que todo siga igual es preciso que todo cambie"; los Salina serían siempre los Salina, aunque Tancredi se case con la bella hija del despreciable y codicioso, pero rico burgués, don Calogero. Y, sin embargo, don Fabrizio comprenderá, antes de morir, que se había equivocado y que su mundo había desaparecido, ante su intencionada pasividad. Como noble, el príncipe de Salina., encarnación del Gatopardo, símbolo heráldico de su familia, aunque inteligente, orgulloso y seductor, había vivido toda su vida sólo para sí mismo.
La prosa de Lampedusa está llena de lirismo y elegancia (tanto que tengo ganas de leerla en italiano), sin duda deudores de sus muchas lecturas de los autores franceses del XIX, como Stendhal. Ello, unido a su capacidad recreadora, a su penetración psicológica en los personajes y a su agudeza reflexiva, hacen, a mi juicio, de El Gatopardo una obra maestra que, a pesar de estar reconocida, pienso que hoy ha vuelto a ser un tanto relegada. Yo mismo, aun habiendo leído grandes alabanzas de la novela, me sorprendí gratamente con la frescura de su estilo y desarrollo, y desde el comienzo de su lectura me fascinó. El Gatopardo está entre mis obras imprescindibles, y me reafirma en la idea de que es en la literatura italiana del siglo XX en la que más a gusto me encuentro al hallar en ella un mundo muy cercano y unos vínculos muy fuertes con mi forma de entender la vida y la literatura.¡Y pensar que esta obra fue rechazada en su momento por las más importantes editoriales italianas y que sólo el fino gusto de Giorgio Bassani y su determinación de que se publicase pudieron hacerla ver la luz, con la colaboración del editor Feltrinelli!. Es una lástima que Lampedusa no llegara a ver su gan obra publicada, al morir en 1957, un año antes de que esto sucediese.
jueves, 25 de junio de 2009
martes, 19 de mayo de 2009
A Benedetti, in memoriam

En recuerdo del recientemente fallecido Mario Benedetti, poeta del amor, de la sencillez, del juego verbal y del acontecer cotidiano, dejo aquí uno de sus poemas más conocidos:
TÁCTICA Y ESTRATEGIA
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.
Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.
Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.
Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos.
Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.
Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.
Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.
Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.
Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos.
Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.
Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.
domingo, 17 de mayo de 2009
Ramón Piñeiro, Letras Galegas 2009

Neste últimos escoitei a miúdo a descreída e moitas veces despectiva opinión de que se lle adicaba o Día das Letras Galegas a figuras de pouca envergadura intelectual tal e como amosaba o descoñecemento que se tiña delas. Tal afirmación, ademais de revelar unha tremenda ignorancia, xustificaba máis ca nunca a celebración dunha festa de exaltación da creatividade literaria galega, nacida en 1964 co fin de recordar a calidade dunha cultura por entón esquecida e denostada. Hoxe, coa homaxe que se lle fai a Ramón Piñeiro (Láncara, 1915-Santiago, 1990), penso que esas infames ideas de que xa non quedan literatos ou intelectuais galegos mortos dignos de recordo quedan totalmente desarmadas.
Ramón Piñeiro exemplifica mellor ca ningún outro a altura da intelectualidade galega e galeguista que soubo manter a dignidade da nosa lingua e da cultura popular durante os tempos da castrante dictadura franquista, ó mesmo tempo que desenrolaba unha laboura de concienciación da mocidade galega universitaria, abríndolle as portas das correntes intelectuais europeas. É moi significativo o feito de que Piñeiro traduciu ó galego a Heidegger. ¡Cantas fructíferas reunións se produciron entre os vellos e os novos galeguistas no piso que García-Sabell lle cedera a Piñeiro no número 15 da mítica rúa Xelmírez de Compostela! Toda a Xeración das Festas Minervais (Franco Grande, García Bodaño, López-Casanova, Méndez Ferrín, Casares, Bernardino Graña, Paco Carro...) pasou por ese piso nos sesenta. Ademais, Piñeiro foi cofundador de dúas das máis importantes canles de expresión do galeguismo cultural, a editorial Galaxia e a revista Grial. Asemade, destacouse coma un destacado cultivador do ensaio filosófico, afondando na idea da "saudade", tan propia do mundo luso-galaico.
Xa na democracia, Ramón Piñeiro foi o impulsor de que tódolos partidos asumisen principios galeguistas, para evitar que a cultura galega fose identificada cun só partido e sofrise, con calquera posible cambio político que acaecese no futuro, a persecución da que fora obxecto nos corenta anos anteriores. Criticouselle moito por isto dende posicións nacionalistas, pero o certo é que, gracias a esa opción, hoxe a cultura galega é patrimonio común de tódolos galegos, a diferencia do que pretende, por exemplo, o PNV coa vasca.
Hoxe sinto unha gran ledicia de que se lle recoñeza en toda Galicia a Ramón Piñeiro a súa gran contribución á digna consideración da cultura galega e á vinculación da súa intelectualidade con Europa. Figuras como a súa son un orgullo para tódolos galegos e demostran que, por pequena que sexa a súa comunidade de falantes, unha lingua e a súa literatura poden teren figuras comparables ás de calquera gran literatura mundial; heroes da fala nos tempos do silencio.
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